El mate de los abuelos

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Siempre pensé que el mate que tenían mis abuelos lo tuvieron desde siempre. No sé, para mí era como algo que siempre había existido. Es un mate de calabaza, tallado con figuras geométricas y un borde de plata, divino. Ese mate tan familiar junto al que escuché historias in-cre-í-bles, esas que son de un tiempo en el que no existía ni siquiera la televisión. Bueno, imaginate la cantidad de tiempo que tenían para conversar, para compartir en familia y con amigos. ¡Un montón! Como vivimos en casas pegadas, visito a mis abuelos todos todos todos los días, y gracias a ellos, yo también soy un matero de ley.

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Maneras de ser

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Hay gente para todo, cada día que pasa lo compruebo. Hay gente que no soporta el frío y que vive entre la estufa, el aire acondicionado calentito, los guantes, la bufanda, el gorrito y su adorado acolchado de plumas. Otras personas no soportan el calor y son las que en verano andan con el control del aire como si se tratara del celular y las que enchufan en la compu su –divino- mini ventilador con USB.

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Tiempo de mate

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Estaba hablando con un amigo y empezamos a reflexionar acerca del cambio climático. Nos dimos cuenta de que estamos en otoño y hay días en los que parece primavera, el cielo está celeste, hay sol, corre un poco de viento, a veces ni eso, y los días se prestan para tomar mate al aire libre. Después están esos días en los que hay noventa por ciento de humedad pero hace mucho calor. Y aquellos otros en los que llueve torrencialmente y hace mucho frío.

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Mate forever

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Si bien la yerba que yo tomo es única porque para mí tiene un sabor más que especial, tomar mate tiene sabor a muchas cosas. Tiene sabor a fin de semana, a día de sol, a tarde de lluvia con algo rico para comer, a vacaciones largas y también a las cortas, a un día de trabajo ajetreado y a un día de trabajo más descontracturado y charlado con los compañeros de la oficina.

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Hablemos de tradición

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Si hay una semana tradicional esa es la Semana de Turismo, también llamada Semana Santa o Semana Criolla. Muchos dicen que el año empieza realmente después de esta semana y es por esto que la mayoría de los uruguayos nos tomamos estos días para descansar, disfrutar de los amigos, la familia y de realizar aquellas actividades típicas que ofrece la semana de turismo.

Si hablamos de tradición uruguaya seguro todos pensamos en el mate, el asado, las tortas fritas cuando llueve, el fútbol y el campo, entre otras cosas. Y esta semana tiene todo eso. Por eso mis amigos y yo tenemos la tradición de acampar en semana de turismo todos los años desde que tenemos 15 años. Hoy ya tenemos 25, el auto cargado, las carpas, la pelota, las cañas de pescar y ese que no falta nunca, el mate.

Y lo lindo de todo esto es que es algo de todos, no importa el lugar que visitemos o en dónde acampemos, siempre nos encontramos con gente, que, al igual que mis amigos y yo, disfruta de esta semana siguiendo la tradición.

Nos gustan las tradiciones, es algo nuestro, nos da sentido de pertenencia, de identidad, somos uruguayos y nuestro ritmo está marcado por la tradición.

Bueno, ahora sí, ¡nos vamos!

¡Buena semana de turismo para todos!

La vida dirá

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Hay personas que creen que se es espléndido cuando se está bien físicamente, en forma, sin pancita, con los músculos marcados, con el pelo perfecto, la piel divina, las uñas de manos y pies impecables y el outfit adecuado a la ocasión. Tienen parte de la razón.

Otras personas piensan que se es espléndido cuando se está sano, saludable, se come de acuerdo a una dieta equilibrada y personalizada, cuando se toma un mínimo de dos litros de agua al día, cuando se duerme descansando de verdad y el tiempo necesario. También tienen parte de la razón.

Otros opinan que alguien espléndido es quien se preocupa y ocupa del prójimo, quien alimenta su alma, quien realiza buenas acciones, quien medita y sonríe a diario, quien sabe reconocer todo lo bueno de su vida y lo agradece al abrir los ojos cada mañana y quien -por esta combinación de cosas- irradia felicidad y una luz especial. Y también tienen razón.

En realidad la definición de persona espléndida no existe. La mayoría de las personas somos una combinación de todas estas cosas. El secreto está en cada uno, en ir encontrando nuestro propio camino, nuestra forma de ver la vida, de vivirla y de compartirla con los que amamos. Lo que es espléndida es la vida misma cuando despertamos y estamos conformes con ella y con los roles que desempeñamos según con los que estemos.

Somos padres, hermanos, hijos, amigos, parejas, vecinos, nietos, primos, compañeros de trabajo, de estudio y todo eso es genial. Seguiremos siendo lo que nuestro camino en la vida disponga. Y sea lo que sea, será espléndido.

Conociendo a la gente

 

 

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Las personas que me conocen bien se ríen cuando me ven sacar mi paquete de yerba Tradicional. Se ríen porque soy lo menos tradicional que existe: no voy a la rambla a matear, no como torta fritas cuando llueve, mi vestimenta siempre tiene un toque trendy, la música que escucho no la conoce nadie porque sigo a gente muy despegada en Spotify, visito a mis padres cuando quiero verlos y no los domingos al mediodía, mis cortes de pelo siempre son tema de conversación y mi mascota es una iguana.

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Familia, amigos, mates y cocina

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Soy hombre, vivo solo desde hace unos pocos años, estoy terminando la carrera y tengo novia. También soy hijo, hermano, tío, nieto, cuñado, sobrino y primo. Cuando recién me había mudado no sabía hacer ni papa hervida, y tenía un plan genial para no tener que encarar en la cocina: visitar a toda mi familia y amigos a la hora de la cena, sin abusar claro. Pero eso no era problema, porque soy hijo de padres separados -con lo cual ahí ya van dos casas-, tengo tres tías por un lado y dos tíos por otro, quienes a su vez tienen hijos que viven solos o con sus parejas. Tengo una abuela por parte de madre y un abuelo por parte de padre, o sea, dos casas más. Amigas y amigos tengo a montones, por suerte, de los de toda la vida, del liceo, de la facultad, amigos de mis primos… en fin, no me puedo quejar, soy un tipo que tiene mucha gente alrededor, y encima me quieren.

Además de ser buenísimo para mi persona esto de sentirme querido, era genial para mi plan de no cocinar nunca y de paso hacerle visitas a toda mi familia. Mis tías chochas con verme aparecer, mis abuelos, ni te cuento, mis padres también. ¡Todos contentos! Era genial. Siempre caía con algo para tomar o algo para el postre y listo.

Todos sabían de mi plan, no era nada oculto, y se lo tomaban re bien, les hacía gracia. A veces hasta me preguntaban qué me gustaría comer.

Yo solo tenía que programar con unos días de anticipación y listo, tenía mi agenda de la semana.

Y claro, pasó lo que tenía que pasar. De tanto ir de casa en casa y de comida deliciosa en comida deliciosa, me fueron dando ganas de aprender a cocinar. Sobre todo cuando iba a lo de mi tía Miriam -que también es mi madrina-, porque ella quería que yo aprendiera, entonces siempre me decía que fuera un rato antes, me esperaba con el mate pronto y con todos los ingredientes para elaborar la comida de ese día. Yo cebaba mate para los dos y prestaba atención a todo el proceso. Y así, gracias a mi tía, me largué a pedirle las recetas a mi gente cada vez que una comida me encantaba.

Hoy soy un hombre que cocina de maravillas y que invita a su familia a comer, un poco para retribuirles todo el alimento proporcionado durante tanto tiempo y otro poco porque ya me acostumbré a eso de comer en familia, y si no los veo los extraño.

Y siempre, siempre, siempre, haga lo que haga para comer, lo preparo con mi mate, como la tía Miriam.

Cosas que no cambian

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De tradiciones sé bastante, por suerte. Vengo del campo, de una familia que trabajó la tierra toda la vida. Mis abuelos lo aprendieron de sus padres y le enseñaron todo a los míos, quienes nos enseñaron a mis hermanos y a mí. Yo voy a seguir en ese camino, no solo por tradición familiar sino porque realmente me gusta. Tanto me gusta que hace pocos años me vine a la capital a estudiar Agronomía. La especialización que quiero seguir podría haberla estudiado en mis pagos, pero elegí venirme a la capital por ella, mi novia de siempre, ya que su carrera sólo puede estudiarla en Montevideo.

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