Mate… como sea

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El mate ideal es el que nosotros elegimos para que nos acompañe en el día a día. Algunos eligen un recipiente de calabaza, otros de madera, de vidrio, de cerámica, de hueso o de silicona. Para cada persona, su mate es especial. Lo mismo pasa con la bombilla, que puede ser de alpaca, de plata, de caña o de algún otro material. El termo es otro elemento que puede variar. Los hay chicos, medianos, grandes, con pico cebador, con botón, con válvula, entre otros sistemas de cebado. La decoración de los termos es un tema aparte. Hay quienes prefieren el termo sin nada de nada, quienes lo identifican con un sticker de su cuadro de fútbol preferido o de la banda de la que son fanáticos. Hay quienes se levantan un día y se encuentran con su termo decorado con stickers de su hijito, y esos hay que dejarlos para no herir susceptibilidades de los pequeños futuros materos. Y ni que hablar de la yerba. Algunos optan por Tradicional, otros por Extra Suave y otros por Espléndida.

Pero, ¿qué pasa cuando nos olvidamos del mate, por ejemplo? Tenemos todo: bombilla, termo, agua caliente, y cuando agarramos la yerba para armar el mate… nos damos cuenta de que lo dejamos olvidado en el escurridor. ¡Oh, no! Primero nos invade una sensación de vacío y acto seguido nos ponemos a buscar un recipiente que nos salve de esa situación. Ese día extrañaremos nuestro mate, sí, pero no dejamos de matear. Eso nunca. Suplantaremos nuestro adorado mate por otra cosa, que puede ser un vaso de vidrio, una taza de cerámica o lo que tengamos más a mano, pero el mate se arma.

Puede suceder que nos olvidemos del termo. Para él también existe sustituto: la caldera o “pava”, como le dicen en el país vecino.

Para lo que no hay sustituto es para la bombilla, aunque alguna mente creativa y con habilidades de bricolaje pueda llegar a inventar una dándose maña con algún objeto similar.

Y bueno, lógicamente, para lo que seguro no existe sustituto es para la yerba, nuestra fiel amiga que acompaña nuestro día a día con su característico sabor, ese sabor que sigue incluso hasta el momento en que damos por finalizada la mateada. Si la yerba no está, si la dejamos en casa o en el trabajo, tenemos la tranquilidad de saber que siempre habrá un lugar cerca para ir en su búsqueda o un amigo que se ponga en nuestro lugar y nos diga: “hoy por ti, mañana por mí.”

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